SOBRE EL TYRANNOSAURUS REX
Hace 68 millones de años, el Tyrannosaurus Rex poseía una de las mordidas más poderosas de cualquier animal terrestre que haya existido. Sus dientes, algunos del tamaño de plátanos, estaban diseñados para triturar hueso sólido y desgarrar carne con facilidad.
A pesar de sus diminutos brazos, su inmensa cabeza, cuello musculoso y poderosas patas traseras lo convertían en una máquina de caza perfectamente adaptada a su entorno. Su estructura bípeda le permitía balancearse con una cola larga y pesada.
Nuevas investigaciones sugieren que el T-Rex pudo haber tenido una excelente agudeza visual binocular, superior a la de los halcones modernos, permitiéndole calcular distancias con precisión quirúrgica al acechar a sus presas en los densos bosques y valles fluviales.
Además de sus habilidades como cazador activo, es probable que este superdepredador aprovechara su imponente tamaño para intimidar a otros carnívoros más pequeños y arrebatarles sus capturas, actuando también como un oportunista carroñero cuando la ocasión lo requería.
El descubrimiento de ejemplares notablemente completos como "Sue" y "Stan" ha revelado detalles fascinantes sobre su crecimiento, patologías óseas e incluso marcas de combate que demuestran la dura vida que enfrentaban estos reyes del Cretácico.






